lunes, 1 de septiembre de 2014

Reino Unido podría vender su sistema de salud público a Wall Street

Hospital NHS


El futuro del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS), considerado en ese país como una joya de la seguridad social, corre el riesgo de ser vendido a inversionistas de Wall Street.
La alarma entre los británicos al respecto viene en aumento desde julio del 2013, con el inicio de los diálogos entre la Unión Europea (UE) y delegados de Estados Unidos para la firma de una Sociedad Trasa­tlántica de Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés).
El trato se discute en estos mo­mentos a puertas cerradas en la Comisión Europea (CE) y sus propios subscriptores lo consideran el mayor acuerdo bilateral de comercio nunca antes negociado.



De acuerdo con los documentos fundacionales del NHS, esta institución tiene sus bases en la solidaridad social y se sostiene mediante los impuestos ciudadanos.
El Estado, por su parte, debe garantizar la atención médica a quienes la necesiten, cuando la necesiten.
Sin embargo, regulaciones gu­ber­namentales del 2012 cambiaron la naturaleza del NHS y lo convirtieron en un posible mercado, en el cual las compañías privadas pueden com­petir por el financiamiento de los servicios a los pacientes.
Con esas transformaciones, el NHS pudiera dejar de ser un servicio social y volverse una actividad comercial.
El sistema de salud recibe anualmente casi 126.000 millones de euros de los fondos públicos, pero tal cantidad deberá aumentar en unos 2 500 millones en los próximos dos años, como resultado del incremento de la demanda, según estadísticas oficiales.
La situación financiera del NHS pudiera agravarse aún más a causa de los recortes presupuestarios impuestos por el Gobierno neoliberal de David Cameron.
Según la prensa nacional, todas estas cuestiones implicarán que el futuro del NHS se convierta en una pieza clave de cara a las elecciones generales, previstas para el año próximo.

El TTIP y las ataduras al Gobierno

De firmarse el TTIP —cuyas negociaciones deben finalizar en no­viembre de este año—, las compa­ñías norteamericanas tendrán entrada libre al mercado británico y podrán operar en él casi sin límites.
Una vez consumado el trato, a cualquier gobierno nacional le será prácticamente imposible removerlo, lo cual degradaría el poder del Ejecutivo.
Este tipo de convenio también garantizaría a las trasnacionales el mismo trato que a las empresas locales, incluido el acceso a subsidios gubernamentales.
De acuerdo con Unite, una de las mayores organizaciones sindicales británicas, la subscripción del TTIP tendría consecuencias funestas para los servicios de salud, si no se agrega un artículo que excluya al NHS del área de inversiones.
La política del gobernante Partido Conservador abrió el Ser­vicio Nacional de Salud para las firmas extranjeras y con el TTIP se cierne la amenaza de hacer permanente la venta, subrayó el secretario general de Unite, Len MacCluskey.
Cualquier multinacional o inversor estadounidense tendrá la capacidad para reclamar indemnizaciones millonarias o demandar a un Gobierno británico si este intenta revertir la privatización de los servicios de salud o afecta sus beneficios.

No obstante, el jefe negociador por parte de la UE, Ignacio García Bercero, refirió que confiaba en la preservación del NHS.
Si un futuro gobierno en el Reino Unido desea revertir las decisiones tomadas durante un periodo previo, podrá hacerlo con entera libertad, aunque deberá respetar las leyes correspondientes, señaló.
La CE asegura que la firma del TTIP traerá beneficios anuales a la UE del orden de los 120.000 millones de euros, cuando se complete su implementación en 2027.
A pesar de las promesas, mu­chos británicos se oponen al convenio en el caso particular del NHS y aseguran que la prioridad de las negociaciones serán los beneficios de las trasnacionales en lugar de la salud de los pacientes.

Con sus afirmaciones sobre la seguridad del sistema de salud británico, la CE intenta embaucar a las personas para que acepten el trato, aseveró el director ejecutivo de la organización de caridad War or Want, John Hilary.
De manera similar, Len McClu­skey desestimó las garantías de Gar­cía Bercero y exhortó al primer mi­nistro David Cameron a resguardar el NHS y excluirlo de cualquier negocio.
Cameron puede emprender accio­nes concretas, pero guarda silencio y rechaza las preguntas sobre la protección de los servicios médicos, enfatizó el dirigente sindical.
“¿Pasará el Primer Ministro a la historia como el hombre que entregó el mayor logro del Reino Unido a Wall Street? Al parecer, sí”, subrayó.

Según McCluskey, los británicos están molestos con Cameron por sus continuas negativas a vetar la inclusión del NHS en las negociaciones con los estadounidenses.
El jefe del Ejecutivo no puede decir que fue forzado por Bruselas, pues Londres tiene un asiento en el consejo europeo de comercio, desde el cual tiene la capacidad para proteger el sistema de salud nacional, explicó.
Cameron utilizó el veto en Euro­pa en otras ocasiones, pero ahora permanece mudo, lo cual revela dónde es­tán sus prioridades, concluyó.

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