lunes, 1 de septiembre de 2014

Ucrania ‘cocina’ junto al FMI un paquete de recortes brutales para la clase trabajadora


El Gobierno fascista de Ucrania, siguiendo los dictados del Fondo Monetario Internacional (FMI), plantea imponer un paquete de recortes sociales que afectarán duramente a las condiciones de vida de su clase trabajadora.
El propio FMI admite, tras haber firmado un acuerdo con Kiev, que el Producto Interior Bruto (PIB) ucraniano caerá un 5% en todo 2014.


Economistas aseguran que el país podría caer en ‘default’ y atravesar una depresión al estilo de lo ocurrido en Grecia desde 2010, fruto de la imposición de paquetazos neoliberales que incluyen privatizaciones, despidos de funcionarios, recortes salariales y subidas del precio de servicios básicos como el agua, la luz o el gas.

Reacción popular al Gobierno golpista fascista

La adhesión de la península de Crimea a Rusia, así como la proclamación de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk en rechazo al Gobierno golpista fascista, también han supuesto un duro golpe a la economía de Ucrania.
En toda la región oriental, los ataques del Ejército ucraniano sobre posiciones antifascistas, que cuentan con la ayuda de Europa y Estados Unidos, han destruido buena parte de la más moderna infraestructura de esa zona del país.

Así, las plantas fabriles, las carreteras, vías férreas, y el aeropuerto de Donetsk, han resultado destruídos y todo indica que el agravamiento de los bombardeos, si no media un acuerdo rápido entre Kiev y Moscú, harán empeorar aún más esta situación.
Desde el punto de vista macroeconómico, la proclamación de las repúblicas populares ha repercutido muy negativamente, ya que las dos provincias rebeldes mencionadas aportaban el 16% del PIB de Ucrania, además de representar el 25% de las exportaciones y de la producción de bienes industriales y de los servicios.

Sumado a todo esto, el Presidente ucraniano Petro Poroshenko está bajo una fuerte presión de la Unión Europea (UE) y el FMI para que ponga en marcha medidas neoliberales, entre las que figuran, por ejemplo la subida de precios de las tarifas de la energía.
Las exigencias europeas y del Fondo implican un recorte de unos subsidios que representan la friolera del 7,5% del PIB ucraniano, lo que traerá como consecuencia un descomunal aumento de las tarifas que pagan los usuarios, en gran parte empobrecidos jubilados y gente sin recursos.
El temor político a la reacción popular es lo que viene paralizando a Poroshenko en la toma de esta decisión.

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