sábado, 7 de febrero de 2015

Consumo indiscriminado de fármacos para reducir el colesterol



La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha realizado un estudio entre más de 2.300 españoles de entre 25 y 74 años y ha comprobado que se están consumiendo fármacos para reducir el colesterol de manera indiscriminada, algo que puede provocar muchos daños pues se usan medicamentos de eficacia controvertida y muchos efectos adversos.
Los datos de la encuesta de OCU muestran que un 27% de los españoles entre 25 y 74 años reconoce tener problemas con el colesterol (cifra menor a la de países de nuestro entorno como Portugal o Italia). Pero el valor que esto tiene a la hora de determinar el riesgo cardiovascular de cada persona es relativo.
El mensaje de que el colesterol es malo y que hay que mantenerlo a raya ha calado en la sociedad. Tomar el grupo de medicamentos conocidos como estatinas se ha convertido así en algo corriente, hasta el punto de que ésta es la opción para el 67% de las personas que intentan reducir los niveles de colesterol. Toda una victoria del marketing del miedo.


Hay una corriente “científica” que usa el marketing del miedo para promover la utilización masiva de medicamentos estatinas contra el colesterol y su venta sin prescripción para evitar enfermedades del corazón. De los riesgos de esta práctica poco cuentan…
Pero los hay y muchos. La Agencia estadounidense de medicamentos (FDA), por ejemplo, ha advertido que algunas estatinas como Zarator pueden provocar diabetes.
Una de las claves para entender cómo es posible una sociedad tan medicada contra algo que no es en sí “malo” está en las guías de aplicación de esos medicamentos y su promoción, en parte en manos de sociedades profesionales financiadas por los laboratorios interesados en el consumo de estatinas.

Muchas personas desconocen que el hecho de tener unos niveles altos de colesterol no es razón suficiente para medicarse. OCU, que junto con los médicos y doctoras de No Gracias promueve la campaña Pastillas, las justas, reitera que tener el colesterol alto no es en sí mismo una enfermedad, sino sólo uno de los muchos factores que podrían contribuir al desencadenamiento de problemas cardiovasculares. Y ni tan siquiera el más decisivo.
Es más, por sí solo y cuando no va acompañado de otras circunstancias, como ser fumador, el sedentarismo, la diabetes, el sobrepeso o una edad avanzada, apenas eleva el riesgo de sufrir un accidente o desarrollar una enfermedad cardiovascular.
Los datos de la encuesta llevada a cabo por OCU muestran que el 22% de los españoles consume o ha consumido estatinas u otros medicamentos para reducir el colesterol. Se ha medicalizado un problema que, en muchos casos, podría enfocarse de otro modo, sin tener que recurrir a compuestos que presentan abundantes efectos adversos y cuya utilidad es controvertida.
Los datos de la encuesta demuestran que en muchos de los casos se está medicando sin necesidad. Una persona de 40 años con un colesterol algo por encima del límite, pero que no fume y tenga un peso normal, si baja ese nivel no reducirá en más de un 1% su riesgo de sufrir accidentes cardiovasculares. La ganancia es tan pequeña que es discutible que merezca la pena exponerse a un tratamiento que es permanente, que tiene efectos adversos y un considerable coste tanto para los bolsillos particulares como para las arcas públicas.
El 21% de los encuestados con un tratamiento basado en estatinas ha experimentado, entre otros, calambres musculares o cansancio. En más de un tercio de esas ocasiones, las reacciones fueron severas.
La evidencia científica es que se ha sobredimensionado el impacto del colesterol. Esto no quiere decir que debamos despreocuparnos o que la medicación no sea adecuada para personas con un cuadro de alto riesgo y niveles disparados. Pero nada justifica un crecimiento del consumo de estatinas entre 2000 y 2012 de un 442% (según datos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios), excepto una campaña mercantil muy hábilmente orquestada.
Y no sólo la industria farmacéutica está detrás de esa campaña. También esa aparte de la industria alimentaria que nos quiere vender que su comida además tiene funciones medicamentosas.



“Tener más de 200 y no bajarlo es un error”, nos dice el entrenador de la selección española de fútbol, Vicente del Bosque en un anuncio de Danacol.
Pero resulta que tenerlo alto es cuando se pasa de 240 mg/dl. Así lo explica la Sociedad Española de Cardiología (SEC) nada sospechosa de ser crítica pues además de recibir financiación de los laboratorioscertifica la eficacia de Danacol. El objetivo es claro: conseguir más recetas de medicamentos y ventas de nutracéuticos.
Es llamativo que entre quienes siguen un tratamiento para bajar el colesterol, apenas un 2% optan exclusivamente por adaptar su estilo de vida, practicar ejercicio físico o controlar su dieta. El 41% se limita exclusivamente a medicarse. Esto es lo que hay que cambiar pues es evidente que ha de ser al revés; hacer el esfuerzo de cambiar nuestro estilo de vida y dejar los medicamentos para cuando se necesitan de verdad.

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