domingo, 15 de febrero de 2015

Histeria por la vacunación desatará una pesadilla totalitaria




Por Dr. Lee Hieb MD  / link1 / link2
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La gobernadora Chris Christie ha sido vilipendiada por hacer una declaración muy simple: que los padres (y presumiblemente los propios pacientes) deben tener la libertad de elegir si van vacunar a sus hijos. Durante años me han preguntado lo que pienso acerca de la vacunación, así que abordemos el tema. 


 

Pero antes de entrar en la ciencia, hablemos de filosofía:
1. Las mismas voces desesperadas que defienden la vacunación forzada, son las mismas que chillaban cuando apoyaban el derecho de la mujer a elegir el aborto. Si el cuerpo de una mujer es sacrosanto, si tiene derecho a elegir a si va a tener un hijo o no, si tiene autoridad total sobre su cuerpo ¿por qué se niega el derecho de aceptar o rechazar una vacuna?

2. La ética médica es clara: Nadie debe ser obligado a someterse a un tratamiento médico sin ser informado de sus riesgos y sin haber manifestado su consentimiento. Si condenamos la esterilización forzada de los años ’20 y ’30, los experimentos médicos de Tuskegee que infectaban a reclusos negros y la medicina nazi que incluía la eutanasia involuntaria; así como la esterilización y la experimentación en humanos, entonces ¿cómo podemos forzar la vacunación sin el consentimiento del receptor? La vacunación es un tratamiento médico con riesgos, incluyendo la muerte. En medicina, es totalmente contrario a toda ética ordenar la aplicación de un tratamiento que ponga en riesgo la vida del paciente.

3. La ciencia nunca termina. Obama y otros ideólogos pueden creer que toda la verdad ya fue dicha o que los criterios científicos son irrefutables; pero la realidad es que nuestra comprensión de las enfermedades y su tratamiento están constantemente actualizándose. De la misma forma que los enunciados de Newton sobre la mecánica del universo fueron suplantados por la física de Einstein, y que los físicos de hoy modifican ese punto de vista, el conocimiento médico no es una verdad inalterable. En un intento por cuantificar la evolución de la medicina, hace años una revista de cardiología se propuso a establecer la validez de la verdad. Los cardiólogos revisaron artículos escritos 20 años antes para ver cuánto de lo que se creía entonces se aplicaba en la actualidad. ¿La respuesta? Sólo el 50 por ciento. Así que en cardiología y en toda la medicina, en mayor o menor grado, sólo la mitad de lo que creamos ahora seguirá siendo cierto dentro de 20 años más o menos. La última palabra sobre la vacunación aún no se ha dicho. Ni siquiera ha comenzado a escribirse.

4. Si usted cree absolutamente en el beneficio y el valor protector de la vacunación, ¿qué importa que otros lo hagan o no? Si cree que necesita vacunarse para estar sano y protegido, entonces por todos los medios vacúnese y a su hijo también. ¿Por qué se preocupa por lo que su vecino decida hacer por su hijo, si las vacunas funcionan? La hecho de la inmunidad de grupo todavía se basa en la idea de que solamente en casos individuales las vacunas en realidad protegen.

5. Si usted piensa que el gobierno tiene el derecho a vacunar las personas a la fuerza, por el bien de la sociedad, ¿lo será igualmente la esterilización forzada, la eutanasia obligatoria o la implantación de dispositivos de localización, por el bien de la sociedad? A lo mejor estos casos le parecerán extremos (aunque algunos ya han ocurrido), pero el principio es el mismo: está permitiendo que un gobierno tenga la última palabra sobre tu cuerpo.
Entonces me preguntan ¿por qué no vacunar a sus hijos? ¿Por qué no aplicarse la vacuna contra la influenza? Bueno, creo que la elección depende de Ud. Lo que yo pienso acerca de la vacuna contra la influenza apareció en un artículo en la revista de la Asociación Americana de Médicos y Cirujanos.
Algunas realidades acerca de las vacunas infantiles es lo que me hace pensar dos veces antes de recomendar su uso.
Por lo tanto, seguí la información hasta la fuente, así que no son reproducciones a ciegas de artículos de Internet. En algunos casos encontré referencias herradas, pero las corregí al llegar a las fuentes. Mucha información proviene de reportes del gobierno. Cualquiera puede determinar la incidencia de enfermedades consultando el MMWR (Informe Semanal sobre Morbilidad y Mortalidad, por sus siglas en inglés) o acceder en la web al portal de VAERS (Reporte de Complicaciones debidas a la Vacunación) en http://www.medalerts.org/vaersdb/index.php


1. Desde 2005 (e incluso antes), no ha habido muertes en los EEUU por sarampión, pero sí ha habido 86 muertes por la vacuna triple viral, 68 de ellas en niños menores de 3 años de edad. Igualmente cerca de 2.000 personas quedaron con alguna discapacidad, según los datos de VAERS.

2. En los países que utilizan vacunas BCG contra la tuberculosis, la incidencia de la diabetes tipo I en niños menores de 14 años es casi del doble.

3. Como informó la revista The Lancet en 1995, la enfermedad inflamatoria intestinal (es decir, de la colitis ulcerosa de Crohn) es 13 veces más frecuente en las personas vacunadas contra el sarampión.

4. En un estudio de casos y controles documentados en el Reino Unido, los pacientes que tuvieron un primer diagnóstico de esclerosis múltiple (EM) fueron comparados con grupos de control. Los autores concluyeron que la inmunización con la vacuna contra la hepatitis B se asoció con el riesgo tres veces mayor de desarrollar EM.

5. En 1982, William Torch, un prolífico investigador y editor de temas neurológicos, presentó un documento ante la Academia Americana de Neurología, luego de revisar los casos de síndrome de muerte súbita en lactantes (SMSL).

Informó que de 100 casos consecutivos, el 70 por ciento se produjo tres semanas después de la vacunación contra la tos ferina. Tras esta confirmación muy convincente, una prefectura japonesa detuvo una campaña de vacunación después de comprobar la asociación de SMSL con la vacuna contra la tos ferina.
En 1975, cerca de 37 muertes súbitas en la cuna se vincularon a la vacunación en Japón. Los médicos en una prefectura boicotearon las vacunas, y se negaron a aplicarlas. El gobierno japonés prestó atención a las denuncias y prohibió vacunar a los niños menores de 2 años.

Cuando la inmunización se retrasó hasta que los niños tuvieran 24 meses, desaparecieron los casos de muerte súbita infantil, así como las denuncias de muertes relacionadas con la vacuna. Japón bajó desde el puesto17 de mortalidad infantil hasta la tasa de mortalidad infantil más baja del mundo cuando los niños dejaron de ser vacunardos. Japón no vacunó a los niños menores de 2 años entre 1975 y 1988, es decir, durante 13 años. Luego, en 1988, a los padres japoneses se les dio la opción de empezar a vacunar a sus hijos entre los 3 meses y 48 meses de edad. Pero cuando el Ministerio de Salud estudió 2.720 casos de SMSL que se produjeron entre 1980 y 1992, estableció que la tasa de SMSL se había cuadruplicado.


6. En 2004, en los Países Bajos se aplicó una encuesta por correo que involucró a 635 niños. Los casos de rubéola y tos ferina eran dos veces más comunes en los niños no vacunados. Pero las inflamaciones de garganta, infecciones del oído, quejas reumatológicas, ataques y convulsiones febriles fueron mucho más comunes en el grupo vacunado. Los episodios de comportamiento agresivo eran ocho veces más frecuentes en los niños vacunados, en los cuales se presentaron más a menudo los trastornos del sueño. Las amígdalas fueron que ser extirpadas al 33 por ciento de los niños que habían sido vacunados, contra el 7,3 por ciento de los no vacunados.

7. En 1947 se publicaron los primeros informes sobre inflamación del cerebro y daño cerebral crónico -incluyendo la muerte- después de la vacunación contra la tos ferina. Pero tuvieron que pasar más de 40 años de evidencia colectiva antes de que la medicina académica decidió que era cierto lo que estableció un estudio del Instituto Nacional de la Infancia sobre la Encefalopatía desde 1991 hasta 1994.
En 1991, después de establecer que la vacuna era “segura”, el Instituto de Medicina admitió que, en el curso de su examen, se descubrió la existencia de muchas lagunas que limitaban su eficacia. Entre ellas se incluyeron efectos secundarios tras la infección natural o la inmunización, información insuficiente o inconsistente en los informes de casos, el tamaño inadecuado de la muestra y la duración del seguimiento de muchos estudios epidemiológicos de base poblacional, así como la inexistencia de suficientes estudios experimentales.

Por eso nos preguntamos ¿funciona la vacunación? ¿Realmente protege contra la enfermedad? Las respuestas son muy variables.
La vacuna de la viruela proporcionó una protección universal contra esa enfermedad mortal, y su uso condujo a su erradicación mundial. Pero las evidencias ocultas tras los últimos brotes de paperas, de sarampión y tos ferina indican que dichas enfermedades se están apareciendo en poblaciones previamente vacunadas.

En 2006 una epidemia de paperas se desató en mi estado de Iowa. En última instancia, 11 estados reportaron 2.597 casos de paperas, pero la mayoría de los casos (1.487) se reportaron en Iowa. Como se informó en el estudio “La Epidemia de Parotiditis de Iowa 2006″, a pesar de los esfuerzos de control y de una población altamente vacunada, la epidemia se propagó por todo el estado y a los vecinos.
Según el Centro de Control de Enfermedades, durante los años previos a la vacuna, casi todo el mundo en Estados Unidos contrajo la enfermedad, y el 90 por ciento de los casos se presentaron en niños, aunque el 97 por ciento de los niños que ingresaron a la escuela en Iowa habían recibido dos dosis de la triple viral. Es de notar que el último brote se produjo principalmente en los adultos jóvenes en edad universitaria que habían recibido la vacuna. Sólo el 6 por ciento de los afectados no habían sido vacunados, el 12 por ciento recibió una dosis de vacuna triple viral, el 51 por ciento tenía dos dosis de la vacuna, y el 31 por ciento (en su mayoría adultos) no estaban seguros de su historial de inmunización.

En 2008-2009, Australia padeció epidemias de tos ferina y sarampión. Ochenta y cuatro por ciento de los niños australianos que contrajeron tos ferina habían sido vacunados, igual que el 78 por ciento de los que enfermaron de sarampión. En el brote de tos ferina en California 2010, más de la mitad de las víctimas habían sido vacunadas.

La tos ferina disminuyó continuamente en EEUU de más de 100.000 casos en 1922 a 2.063 en 1978. Ese año, la vacunación contra la tos ferina se hizo obligatoria para la asistencia escolar. Comenzando alrededor de 1995, cuando en EEUU tuvimos 5.137 casos, la incidencia ha aumentado, hasta llegar a 48.000 casos en 2012, incluyendo 20 muertes. La mayoría de las muertes fueron en recién nacidos con menos de tres meses de edad. ¿Por qué sucedió esto? No es porque la gente no se está vacunando.
El Centro de Control de Enfermedades dice que más del 84 por ciento de los niños menores de 3 años habían recibido cuatro dosis de la vacuna contra la tos ferina. Pero la vacuna actual no incluye todas las cepas de la tos ferina. Y los más vulnerables a la enfermedad -los pequeños bebés- no pueden ser vacunados. Puesto que los niños mayores y los adultos son mucho menos propensos a morir de tos ferina, la pregunta que debe plantearse es la siguiente ¿es la vacunación eficaz en la transferencia de anticuerpos de la madre al bebé? ¿O es mejor permitir que la enfermedad se produzca de forma natural?

Por último, resulta que la muerte y la discapacidad causadas por enfermedades infantiles son prevenibles por medios distintos a la vacunación. Desde 1930 se sabe que la vitamina A reduce la mortalidad por sarampión en un 60 por ciento, que la vitamina D tiene un efecto protector contra enfermedades virales. Numerosos autores y estudios han demostrado los efectos dañinos de los antipiréticos químicos (drogas para bajar la fiebre) en el curso natural de una enfermedad, una práctica lamentablemente generalizada en EEUU. Una mejor comprensión de los mecanismos de la enfermedad, elevando el soporte nutricional junto con la vigilancia médica permanente del niño enfermo son alternativas más seguras a la vacunación generalizada.
Tal vez una de las mejores perspectivas en todo el paradigma de la vacunación la proporciona el Dr. Harold Buttram, miembro de la Academia de Medicina estadounidense. “Como un adulto mayor que creció en un estado del medio oeste en la década de 1930, y como médico que ha tratado a muchos niños, es posible que tenga una visión panorámica -de tiempo y experiencia- en lo que se refiere a los cambios que se han producido en la salud de los niños de EEUU desde los años ‘30.

En los campamentos de verano en las montañas de Nuevo México, a los que tuve la suerte de asistir, ningún chico tenía alergias, ninguno estaba en medicación y jamás padecimos los efectos secundarios de las enfermedades que son comunes de la actualidad. Era lo mismo en las escuelas. No recuerdo haber visto nunca a un niño con comportamientos fácilmente reconocidos y hoy descritos como hiperactividad y autismo”.

Hoy, en marcado contraste, aproximadamente un tercio de nuestros jóvenes se ven afectados con los Trastornos 4-A (Autismo, ADHD o hiperactividad, asma y alergias), como lo describe y documenta el Dr. Kenneth Bock. Los presupuestos escolares no alcanzan para la prestación de clases de educación especial a niños con dificultades de aprendizaje y autismo. Más problemas de alergia siguen apareciendo, y se aprecia en las largas colas de niños en las enfermerías de las escuelas esperando para tomar sus medicamentos prescritos.

¿Pudieran los programas de vacunación infantil, con su cada vez mayor número de vacunas, ser la causa de esta siniestra tendencia de la salud? Como se refleja en las audiencias del Congreso de Estados Unidos (de 1999 a 2004) sobre asuntos relacionados con la seguridad de las vacunas, en las que se dieron a conocer las principales deficiencias en las pruebas de seguridad, es una posibilidad real de que las vacunas pueden ser no una de las principales, sino la principal causa de esta tendencia.
Yo también soy lo suficientemente mayor para recordar esos momentos. Estamos cambiando el patrón de la enfermedad, pero no necesariamente para hacer más saludables a nuestros hijos y a nosotros mismos. Estamos convirtiendo las enfermedades benignas de la infancia en graves enfermedades en adultos.
Considere la vacuna contra la varicela: solíamos tener reportes de varicela en niños pequeños que fueron deliberadamente expuestos a la enfermedad. En aquellos días, cada madre o abuela sabía que era más seguro para los niños contraer temprano la enfermedad y no esperar hasta la adolescencia. Ahora nos vacunamos, pero por supuesto que la vacuna sólo es efectiva durante 15-20 años, y en consecuencia los adultos debemos ser revacunados constantemente o corremos el riesgo de contraer una forma severa de varicela. El repunte de la culebrilla es directamente atribuible a la re-exposición de las personas mayores al virus de la varicela. Pero no se preocupe, las compañías farmacéuticas nos pueden vender una vacuna contra la culebrilla para una enfermedad que su vacuna anterior creó.
Nos hemos olvidado de que, para la mayoría de los niños normales, las enfermedades infantiles son benignas. Según cifras del Departamento de Salud Pública de Iowa, la parotiditis es más común en bebés, niños y adultos jóvenes.

De las personas que no están inmunizadas, cerca del 85 por ciento tendrá paperas en la edad adulta, pero los síntomas pueden ser leves y, por lo tanto, no reconocidos.
Al final, la cuestión aquí es el asunto de la libertad, y la libertad implica ser libres de elegir, incluso si hacemos una mala elección.

El argumento de que debo vacunar a mis hijos para el bien de la comunidad no sólo es científicamente cuestionable; también es un precepto contrario a la ética. Es el argumento que todos los dictadores y totalitarios han utilizado. “Usted debe trabajar incansablemente por el bien de la colectividad. Debes renunciar a tu dinero y propiedades por el bien de la colectividad, y ahora debes permitirnos que inyectemos a sus hijos con lo que creemos que es bueno para el colectivo”. Si los estadounidenses no nos resistimos a eso, estaremos perdidos. Habremos perdido la propiedad sobre nosotros mismos. Nuestros cuerpos ya no serán únicamente nuestros, y nuestros hijos nos podrán ser arrebatados por el “bien de todos”.

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